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sólo el cambio perdura

 

RUTINA

 

 Despeja en la mañana cuatro incógnitas

y son cinco a la mesa, en punto, cada jueves.

    

Rezagadas las viejas pretensiones,

sólo el aire recoge la certeza del humo

aunque proceda del mismo brasero.

  

Todos saben que una muerte tan dulce sobrevive

en el empeño de desvelar cuanto se oculta.

Su lenguaje transgénico sugiere

cómo blindarse ante palabras que mutan cada instante.

Uno las piensa, el otro las desgrana,

un tercero corrobora el silencio con su rotundidad.

  

Acaso exista quien evite la procesión de refugiados,

sempiternos cautivos de las guerras escritas por las extremidades

del caracol.

 Eran cinco en la mesa.

No faltaban cuchillos ni venenos contra la nueva plaga.

Insectos de todos los tamaños conquistaron el continente

y sus larvas de sal, en cada herida,

protegen desde entonces los mensajes cifrados.

  

Serán cinco a la mesa para el sacrificio,

pero bajo las telas de damasco deambula la corriente,

abismos de metal atesoran fantasmas,

se multiplica la razón en un número primo,

se agrieta la corteza del desierto

y allá, en el magma oscuro,

empujan las esferas con su música.  


*******

 

 

DUDA

   

A qué cielo despierto nuevamente,

a qué oscuros terrores invoco en la mañana

para que puedan descansar mis manos

y el eco de la brisa.

 

A qué amanezco ahora,

a qué silencio advoco cuando pienso

en la solemne estatua de mí misma

y de los otros.

 

Ya en tenue multitud, agazapados,

ya en honroso camino de peldaños azules,

a qué difícil sueño me empuja el espejismo.

 

*******

CONSUELO SÁNCHEZ NARANJO 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   

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