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A
SALAZAR, PINTOR
PROFUNDO,
quieto
el mundo,
honda
la luz
al
fondo. Sal, azar, espalda
que
no llega a ser blanca,
espalda
que
quiere ser paloma,
espaldas,
lágrimas.
Casi
ventana, el horizonte incierto
arropa
a la mujer que el pintor ama.
Con
su abrazo, intangible, la pintura
un
sueño apenas lábil del artista
en
escorzo velado transfigura.
Hoy
son los sueños del pintor certeza:
sólo
unos dedos fieramente humanos
pueden
hacer tan tierna la belleza.
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