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GRATINADO
DE ALMEJAS CON ESPINACAS
Cuando
Ernest Hemingway le preguntó a Dalí si realmente le gustaba ser pintor,
éste le contestó: “A los cinco años quería ser cocinero, a los siete
Napoleón y desde entonces mi ambición no ha dejado de crecer”.
Hemingway fingió entenderlo, pero cuando Dalí le preguntó en público
si sabía quién era Napoleón, Hemingway no pudo seguir fingiendo y
confesó que no. Acto seguido, el propio Dalí le sugirió la idea del
suicidio. Todos pensaron que Hemingway lo había tomado a broma hasta que
leyeron los periódicos del día siguiente.

Cuando poco después Buñuel inculpó a Dalí
de inducir al suicidio a sus amigos, éste le convenció para que hiciera
cine en México, lo que fue considerado por todos como una nueva inducción
al suicidio o, cuando menos, como una invitación a Buñuel para que se
cavara su propia fosa.
Es conocido que Dalí conquistó a Gala valiéndose
del viejo truco de verter bromuro en la comida de Paul Eluard. Cuando Gala
opuso al incipiente romance la diferencia de edad entre los dos, Dalí la
convenció para que creyera que él moriría antes que ella. “Me gusta
tanto ser un genio, que moriré de un exceso de satisfacción”, le dijo.
El paso definitivo para enamorar a Gala lo dio Dalí, no obstante, cuando
le mostró los apuntes de una naturaleza muerta en la que incluyó al
propio Paul Eluard troceado al lado de una olla. A Gala no pareció
sorprenderle sino la olla[1]
y le preguntó qué se suponía que había en ella. Una vez más, Dalí
quiso impresionar a su amada y contestó: “Gratinado de almejas con
espinacas”. La audacia de su respuesta le valió un beso de Gala y la
condena a vivir con ella a cadena perpetua, aunque él hubiera preferido
un millón de dólares por el boceto.
André Breton, que bautizó al pintor
con el nombre de Avida Dollars, le advirtió a Dalí que Gala era lo más
surrealista que había visto en su vida.[
Pero cuando Dalí supo que Breton estaba hablando de la extrema fealdad de
Gala, ya era demasiado tarde: Dalí contaba setenta y cuatro años y el
Castillo de Púbol ya estaba escriturado a nombre de la musa.
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Gratinado
de almejas con espinacas
(Para
cuatro personas)

Ingredientes
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Un kilogramo de almejas.
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2 cebollas picadas.
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Un kilogramo de espinacas.
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¼ litro de nata líquida.
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Queso gruyère rallado.
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Mantequilla, harina, aceite de oliva, sal y pimienta.
Elaboración
Se
abren las almejas en una cazuela tapada a fuego muy vivo con la cebolla
bien picada. Se quitan las conchas y se reservan las almejas en su propio
jugo.
Se hierven las espinacas también
en su propio jugo y una vez cocidas se escurren (sirven las
espinacas congeladas, siempre que procedan de Cadaqués). Se trocean y se
saltean con aceite de oliva, se sazonan luego con sal y una pizca de
pimienta. Se reservan.
Para hacer la salsa se funde
mantequilla con harina en una cazuela, sin que dore. Se añade el jugo de
la cocción de las almejas y luego, fuera del fuego, la nata líquida. Se
echa una pulgarada de pimienta.
Se
ponen las almejas con las espinacas en una fuente para horno y se
espolvorea con gruyère rallado. Se gratinan durante tres o cuatro
minutos.
Se sirven adornadas con criadillas de toro y relojes blandos.
JUAN CARLOS ARCE |