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PHILOSOPHIE
¿A quién no le gusta navegar entre dos vientos?
Cuando las palabras cuentan como verdades
Y las verdades como cosas seguras
Y las cosas seguras como certezas
Y las certezas como condenas irremediablemente pronunciadas
Y los pronunciamientos como nuevas dudas
Y las dudas como pecados sin perdón posible
Y los perdones como posibilidades extrañas
Y las posibilidades como balas que veloces te golpean
Y las balas como cuestiones alternativas, sí, no, tal vez
Y las cuestiones como cruces apuntadas en un libro de cuentas
Y los apuntes como algo de lo que habrás de responder
Y las respuestas, finalmente, como verdades
Pero ahora ya no hay más palabras
¿A quién le gusta entonces navegar entre dos vientos?
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LA
CULPA
En el principio dicen
que era el Verbo.
Pero debe tratarse de rumores infundados
porque nadie se quedó a verificar
el origen de tales opiniones.
Yo creo más bien que en el comienzo
había un tabernero redondo y bonachón,
apático surtidor de hidromieles
y de otras bebidas de los dioses.
Así, diremos: in principio,
taberna.
Luego, las cosas se torcieron un poquito,
según parece, cuestión de distintas opiniones,
que si esto, que si lo otro,
llevaron adelante un estado de inquietud,
jamás recuperado.
Por eso, en lugar de comunión de los
barriles, tenemos ahora cosa muy distinta,
una creencia impotente, una pregunta eterna,
una pobre cualidad, resquicio de infinito,
guardado todo ello
en cofre de prohibidas aperturas.
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¿DESEA ALGO...?
Pocas cosas más
odiosas
que esas fotografías desde las que miras
hacia un futuro que, a lo mejor,
ya no cuenta contigo.
Estás ahí,
ilustración del Libro de los Muertos,
igual que un proyecto que fue,
como fantasma sin recuerdos del tiempo
fugaz, definitivamente detenido.
No hay panteón peor
que el Álbum de Familia
repasado al caer de una tarde de verano.
Será necesario, por tanto,
hacer alguna cosa,
para liberar por fin tantas almas apresadas.
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DIARIO DE CARANZA
Dos más dos, esos
son los minutos que parecen quedar sin una utilización concreta en el
blanco reloj que todavía funciona. El resto de la prisión ha sido pasado
por las armas al amanecer, oportunidad clara para las ejecuciones,
aprovechada por todos aquellos que desean librarse de alguien en el tiempo
feroz de los disparos por la espalda.
No te asomes a la ventana, allá y allí ya ves, está la guardia
apostada, esperando el momento de la siega, a tanto les pagan por agujero,
a tanto por cabeza cortada, a tanto por recuerdo memorable, a tanto menos
por otros de poca monta. Pero no será cuestión de rechazar cualquier
ocasión que se presente junto a las hogueras ya formadas.
Pasos en la escalera. Gemido de la cerradura al girar una llave. Golpe
de la puerta contra la pared. Se avecina cosecha de hostias y aventar de
sangre por los muros. Lo único posible es el insulto y el ataque suicida.
Ha llegado la hora de los lobos.
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ORTO:
ABRIL, SEMPRE
El mar supo de azules
y de nieblas,
colmó su tez de oscuras vibraciones,
agitó las almas,
compuso sus cuarteles,
retrocedió en la sombra
de nítidas fragancias.
Sus fuerzas y esperanzas
llegaron pronto hasta la costa,
subieron a la ciudad desde las aguas,
contemplaron miserias
apagaron llantos
y prendieron con su luz una proclama.
Aquí estamos.
Muchos habían decretado nuestra muerte,
ocultado nuestro dolor,
disfrazado nuestras lágrimas.
Ensayaron continuar así con la comedia
de una lucha ignorada.
Pero, al fin, consiguió llegar a su destino
el último mensaje, el verdadero,
que movió la tierra, sublevó las
olas,
e inundó los nobles corazones
de aquel pueblo.
Y así, abril, pudo ser también un poco nuestro.
JOSÉ LUIS CARDERO |