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MEMORIA
CRÍMINI (FRAGMENTOS)
Pilar,
que se afanaba, la colección de coches,
primeras
comuniones, las monjas, los recreos,
los
roperos del jueves, las misas del domingo,
y
Mero, el barrendero, y don Amable, el cura,
que
igual que bautizaba lanzaba buenas hostias.
Velarde,
el oculista, los almacenes Álvarez,
el
gesto de Mabel, desdeñoso, y la música
que,
batuta en la mano, don Lucio dirigía
en
aquellos conciertos que presagiaban fiesta.
Eran
tiempos, aquellos, distintos, otros tiempos,
a
veces miserables vistos desde este tiempo.
(historia)
Aquel
era tu pueblo y no sabes si existe:
Cascorrín
te llamaban. Ahora ya no te llaman,
nada
saben de ti los taxistas de entonces
y
mucho menos saben los nuevos comerciantes.
Celina
estará vieja, solterona o casada,
Pilar
está ya muerta, Julio está jubilado,
dicen
que don Amable sigue con los
bautizos
aunque
la iglesia nueva ya no es lo que fue siempre,
acosada
por bares, cantinas y famélicas
putas
que antes solían estar en las Palomas.
(historia)
Velarde,
el oculista, tiene consulta abierta
aunque
también murió hace bastantes años.
Mingo
y Carmina están, a rachas desolados,
cenando
cada sábado con Luis y con Rosita,
y
el bar Central añora su algarada de antaño.
Aquel
era tu pueblo, aquélla era tu casa,
aquéllos
fueron tiempos perdidos para siempre,
aquellas
primaveras sobre el bar Avenida,
aquellos
paraísos de los que te expulsaron.
A
veces es difícil hablar contigo mismo.
(fin
de la historia)
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