"Mi mente sigue manteniendo
un gran número de ciudades que no he visto ni veré, nombres que llevan
consigo una figura o fragmento o deslumbramiento de figura imaginada"
Italo
Calvino "Las Ciudades Invisibles"
I
El
Kublai Kahn es ya muy viejo. Sé que no es esta una sorpresa para su
Majestad. Es mucho mayor que su enviado Marco Polo, y sin embargo el azar
es incierto.
Mi
padre acaba de morir. Las fiebres que se manifestaron ya en Berenice sólo
nos dieron tiempo a regresar a Venecia, donde los féretros sólo son
botes que se abandonan a la deriva, calculados para hundirse al anochecer.
La
tristeza, la ira, la rabia, la culpa. Pero no: son sensaciones sin nombre
las que se agolpan en mi cabeza y me impiden el descanso. Lo único que
puedo hacer ahora es continuar el viaje de mi padre. El barco está listo
para regresar al punto exacto donde mi padre decidió volver a Venecia, y
allí podré encontrarme en pocas semanas: seguiré con la ruta planeada,
llevando sus cartas e instrumentos, y recordando siempre sus palabras, no
las que decía, que eran muy pocas,
sino las que escribía: copié cada una de ellas durante el sueño de mi
padre.
Seguiré
el camino. Faltan muchas ciudades por visitar, y muchas ya no serán las
mismas cuando vuelva a pasar por ellas. Lo que se dice, las leyendas, están
muy bien, pero, ¿cómo asegurarse si no se ha mirado, tocado, olido? En
los palacios hay personas dibujando mapas a partir
de cartas como las nuestras: que sean mis sentidos para ellos, para su
Sabiduría, que quizá siga viviendo eternamente,
quizá
siempre haya un Polo que le envíe estas cartas.
Las
ciudades iguales a sí mismas, 1.
Un
caminante descuidado terminaría, aquí en Venecia, al bajar un tramo
cualquiera de escaleras mientras admira algún friso o el tramo de un
arco, por entrar dentro de los canales y descubrir el carnaval de la
ciudad bajo las aguas.
Ω
Las ciudades iguales a sí mismas, 2.
¿Hay
más pájaros que torres?
Las
trayectorias en el aire poseen un tipo de eternidad que desafía
a la del monumento, porque son un mapa de las intenciones
frustradas, de las parábolas interrumpidas por la necesidad de evitar. Se
piensa que las torres crecen de noche, pero que tantas alas las desgastan
necesariamente durante el día. Demasiadas palomas: si el batir de alas de
una mariposa puede terminar provocando un tornado, ¿qué no harán tantos
miles de alas contra los viejos ladrillos, las viejísimas piedras que se
mantienen en equilibrio por milagro? Y quizá esas alas grises no sean
sino la reencarnación de las piedras olvidadas y enterradas, las piedras
de las criptas.
Siena,
ciudad de los Emblemas Muertos, parece temblar con cada nube un poco
grande, con cada diminuta línea de más en los sismógrafos. Los símbolos
del miedo pueden ser así de sutiles, así de pequeños. Sin embargo, los
otros signos (las banderas los escudos los emblemas de las estirpes
antiguas) son enormes y se apoderan de las calles.
¿Pero
quién comprende ya estos signos, estos códigos, estas banderas qué
significan, muertos hace tanto quienes las inventaron?
Parece
que basta con la memoria de los símbolos, de las imágenes; y sin embargo
la memoria verdadera suele ser la de las bromas, la de las recetas, la de
las canciones, la de los amores prohibidos y los amores públicos, la del
significado de los nombres, la del lenguaje de las flores y de los gestos.
Siena
es idéntica a sí misma, en su empeño por que cada piedra permanezca en
su sitio exacto, y ella misma es también su propio catálogo del pasado,
de uno de los pasados, repetido hasta el infinito, arrastrando los errores
de interpretación década tras década.
Y
sin embargo, los muertos reían más y vestían de colores más vivos.
Ω
Las
ciudades y el agua, 1.
No
hay sólo una leyenda. Otra cuenta que Lilith, al verse sola en el paraíso,
recibió la orden divina de secarlo y destruirlo, para que jamás pudiera
encontrarlo la estirpe de Adán.
Entonces
Lilith se detuvo a pensar. Había trabajado mucho en el jardín,
escogiendo las mejores semillas, trenzando los tallos de los árboles
tiernos, inventando las formas de las hojas (la famosa “costilla de Adán”
no puede ser sino una sutil venganza). El jardín no se secaría. Una
desobediencia más o menos, ¿qué pudiera importar a estas alturas?
Lilith
encontró ayuda en algunos seres intermedios y les dio un cuerpo. Entre
todos, inventaron la manera de prensar la tierra mezclada con paja y de
endurecerla aprovechando el sol, encontraron la arena que se calienta en
el fuego hasta que se hace transparente como el agua. Y construyeron.
Ocultaron las plantas en edificios de apariencia vulgar. Con el correr de
los siglos, los demonios menores se convirtieron en hombres. En la ciudad
que lleva su nombre, Lilith sigue viviendo, si no en carne, en hojas y
frutos, y sus descendientes siguen cuidando de los jardines y multiplican
sus maravillas en cada generación.
Mientras
tanto, algunos viajeros errantes, que se han distraído de las rutas
comerciales, transitan por las callejuelas mohosas y malolientes, pasan
sed y calor y no encuentran en esta extraña ciudad ni un solo comercio
abierto.
Ω
SOFÍA RHEI |