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versiones

 

Dédalo

Los planos no eran otra cosa que el mapa estelar.

¿Pero a quién se le va a ocurrir consultar el cielo

cuando el olor de la bestia se hace tangible?

 

 

Ícaro

Con el amasijo de cera se hicieron tablillas,

que se grabaron con las plumas caídas

para contar la historia de los huesos esparcidos

 

 

Sísifo

Más fácil que olvidarte

sería repetir cada caída 

para perfeccionarla

 

 

****************

 

 

 

las ciudades reversibles

(Un homenaje a Italo Calvino)

 

  "Mi mente sigue manteniendo un gran número de ciudades que no he visto ni veré, nombres que llevan consigo una figura o fragmento o deslumbramiento de figura imaginada"

Italo Calvino "Las Ciudades Invisibles"

 

 I

El Kublai Kahn es ya muy viejo. Sé que no es esta una sorpresa para su Majestad. Es mucho mayor que su enviado Marco Polo, y sin embargo el azar es incierto.

 Mi padre acaba de morir. Las fiebres que se manifestaron ya en Berenice sólo nos dieron tiempo a regresar a Venecia, donde los féretros sólo son botes que se abandonan a la deriva, calculados para hundirse al anochecer.

 La tristeza, la ira, la rabia, la culpa. Pero no: son sensaciones sin nombre las que se agolpan en mi cabeza y me impiden el descanso. Lo único que puedo hacer ahora es continuar el viaje de mi padre. El barco está listo para regresar al punto exacto donde mi padre decidió volver a Venecia, y allí podré encontrarme en pocas semanas: seguiré con la ruta planeada, llevando sus cartas e instrumentos, y recordando siempre sus palabras, no las que decía, que eran muy  pocas, sino las que escribía: copié cada una de ellas durante el sueño de mi padre.

 Seguiré el camino. Faltan muchas ciudades por visitar, y muchas ya no serán las mismas cuando vuelva a pasar por ellas. Lo que se dice, las leyendas, están muy bien, pero, ¿cómo asegurarse si no se ha mirado, tocado, olido? En los palacios hay personas dibujando mapas a partir de cartas como las nuestras: que sean mis sentidos para ellos, para su Sabiduría, que quizá siga viviendo eternamente,

 quizá siempre haya un Polo que le envíe estas cartas.


 

Las ciudades iguales a sí mismas, 1.

 Un caminante descuidado terminaría, aquí en Venecia, al bajar un tramo cualquiera de escaleras mientras admira algún friso o el tramo de un arco, por entrar dentro de los canales y descubrir el carnaval de la ciudad bajo las aguas.

 Ω

 

 Las ciudades iguales a sí mismas, 2.

¿Hay más pájaros que torres?

 Las trayectorias en el aire poseen un tipo de eternidad que desafía  a la del monumento, porque son un mapa de las intenciones frustradas, de las parábolas interrumpidas por la necesidad de evitar. Se piensa que las torres crecen de noche, pero que tantas alas las desgastan necesariamente durante el día. Demasiadas palomas: si el batir de alas de una mariposa puede terminar provocando un tornado, ¿qué no harán tantos miles de alas contra los viejos ladrillos, las viejísimas piedras que se mantienen en equilibrio por milagro? Y quizá esas alas grises no sean sino la reencarnación de las piedras olvidadas y enterradas, las piedras de las criptas.

 Siena, ciudad de los Emblemas Muertos, parece temblar con cada nube un poco grande, con cada diminuta línea de más en los sismógrafos. Los símbolos del miedo pueden ser así de sutiles, así de pequeños. Sin embargo, los otros signos (las banderas los escudos los emblemas de las estirpes antiguas) son enormes y se apoderan de las calles.

¿Pero quién comprende ya estos signos, estos códigos, estas banderas qué significan, muertos hace tanto quienes las inventaron?

 Parece que basta con la memoria de los símbolos, de las imágenes; y sin embargo la memoria verdadera suele ser la de las bromas, la de las recetas, la de las canciones, la de los amores prohibidos y los amores públicos, la del significado de los nombres, la del lenguaje de las flores y de los gestos.

 Siena es idéntica a sí misma, en su empeño por que cada piedra permanezca en su sitio exacto, y ella misma es también su propio catálogo del pasado, de uno de los pasados, repetido hasta el infinito, arrastrando los errores de interpretación década tras década.

 Y sin embargo, los muertos reían más y vestían de colores más vivos.

 Ω

 

Las ciudades y el agua, 1.

 No hay sólo una leyenda. Otra cuenta que Lilith, al verse sola en el paraíso, recibió la orden divina de secarlo y destruirlo, para que jamás pudiera encontrarlo la estirpe de Adán.

 Entonces Lilith se detuvo a pensar. Había trabajado mucho en el jardín, escogiendo las mejores semillas, trenzando los tallos de los árboles tiernos, inventando las formas de las hojas (la famosa “costilla de Adán” no puede ser sino una sutil venganza). El jardín no se secaría. Una desobediencia más o menos, ¿qué pudiera importar a estas alturas?

 Lilith encontró ayuda en algunos seres intermedios y les dio un cuerpo. Entre todos, inventaron la manera de prensar la tierra mezclada con paja y de endurecerla aprovechando el sol, encontraron la arena que se calienta en el fuego hasta que se hace transparente como el agua. Y construyeron. Ocultaron las plantas en edificios de apariencia vulgar. Con el correr de los siglos, los demonios menores se convirtieron en hombres. En la ciudad que lleva su nombre, Lilith sigue viviendo, si no en carne, en hojas y frutos, y sus descendientes siguen cuidando de los jardines y multiplican sus maravillas en cada generación.

 Mientras tanto, algunos viajeros errantes, que se han distraído de las rutas comerciales, transitan por las callejuelas mohosas y malolientes, pasan sed y calor y no encuentran en esta extraña ciudad ni un solo comercio abierto.

 Ω

 

SOFÍA RHEI

 

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