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BELILLA ] BORQUE ] CARMINA ] CHIVI ] GUILLE ] JOSE ] [ JUAN ] LIDON ] SALAZAR ] SAUQUILLO ] SIRO ]

 

JUANITO 

A Juan Soler, después de ser padre, deseándole muchas felicidades en su cumpleaños.

TODO LE SONREÍA hasta que pasó aquello.

Vagando por caminos entre las parideras

buscaba rovellones y descifraba mapas.

Lejos quedaba entonces la fiebre del diseño,

era feliz con todo, a todo se amoldaba.

 

Todo le sonreía hasta que pasó aquello.

Los salones de baile conocieron su ingenio,

las mujeres, su encanto, su gracia el carnaval.

Ardor quizás no tuvo, pero, siempre incansable,

de las cumbres altivas dio cuenta con su afán.

Era un hombre orgulloso de su gente, entrañable,

cuidaba bien su casa, su jardín y sus plantas...

Llegó a tocar la gloria cuando, ya funcionario,

fue experto en riachuelos y jefe en Turespaña.

 

Todo le sonreía hasta que pasó aquello.

Llevado por su empeño de ser cariñosísimo

una tarde cualquiera dio en montar una fiesta

con la inconsciencia propia del padre satisfecho:

llenó la casa toda de globos y velitas

para amigos del parque, del barrio, de la escuela.

Eso fue el primer día, luego ya no es posible

recordar cuántos niños ni cuántas fiestas hubo.

 

Todo le sonreía hasta que pasó aquello,

el primer cumpleaños de su hijo primogénito,

el siguiente también quiso tener lo suyo

y repitió el primero, y el segundo yo quiero.

Apremiado, el buen hombre dio todo lo que pudo

hasta que de repente ya no pudo dar más.

Hoy sufre de migrañas, él se siente muy enfermo,

se acabó la montaña, se acabó el carnaval.

 

Todo le sonreía hasta que pasó aquello:

los cumpleaños no paran, todo su tiempo ocupan

fiestas, hijos, migrañas: esto se acaba, Juan.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
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