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JOSE
ES
FÁCIL recordar cuando miraba
por
aquellos cristales algo sucios
cómo
el sol se ponía entre las nubes
turbias,
amenazantes de la tarde.
Es
fácil recordar cuando esperaba
el
abrazo sutil de una tardanza
que
nunca supo compartir bastante;
recordar
cuántas veces intentaba
reventar
su silencio entre las blancas
paredes
que aguardaban el milagro
de
unos brazos tendidos, junto al cristo
que
era su pecho blanco y desvalido.
El
desamor fijó sus tenebrosas
garras
donde el hogar solía, en primavera,
ser
más alegre y tierno: junto al lecho.
Él
se acordaba de los buenos ratos
y
entonces se escapaba hacia las nubes.
Sus
amigos ya nunca aparecimos,
fueron
sus hijos haciéndose mayores,
es
fácil recordar, fue sólo un soplo
de
muerte el que nubló la casa primitiva,
el
que quebró la luna llena aquella,
qué
malestar, amigos, él cenizas
y
nosotros echándolas al viento
porque
así lo imploraba con sus ojos
cuando
estaba ya muerto, aunque vivía.
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