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La
primera vez que fui al monte debió ser en mi
pueblo. En Gómara,
provincia de Soria. La primera vez que fui al monte debió ser al castillo
o al Cerro
los Mártires, tendría tres o cuatro años y no me acuerdo de nada.
Cuando fui al Cerro la Horca ya debía haber cumplido los seis años y
tampoco me acuerdo.
También
en el campamento de Calatañazor debimos de ir al monte, cantando “montañas
nevadas”, “isabel y fernando”,
“yo tenía un camarada” y cosas
así. Cogíamos pizorras para hacer barcas, y jugábamos al hinque con las
navajas recién estrenadas. No se puede decir que aquello fuera una
excursión; era una marcha, que es algo bien distinto.
Cuando
tenía 13 años fuimos al cerro de la Horca de merienda con las chicas.
Eso era algo parecido a una excursión. Debimos jugar al pañuelo, al escondite y
cosas así. Casi no me acuerdo ni siquiera de qué chicas había. Pero ya
no era el monte. El cerro de la Horca se había vuelto muy pequeño,
apenas diez minutos desde el Ferial.
No, no era una excursión, como mucho, un paseo.
Cuando
hacía quinto en el instituto de Zaragoza, la Señora Torras, la de
naturales, nos llevó al Moncayo a recoger fósiles y minerales. Me
acuerdo que encontré un cristal de aragonito. Pero aquello tampoco era
una excursión, era un viaje de estudios.
Con
los del Opus yo creo que nunca fui al monte. Recuerdo que íbamos a veces
a un chalet muy lujoso (todas las cosas del opus me parecían muy lujosas)
que estaba en las afueras de Zaragoza. Pero aquello ni estaba en el monte
ni era una excursión. Íbamos de convivencia, a meditar el Camino y cosas
así. Yo no me podía quedar a dormir -lo hacían en el suelo y le
llamaban eslipin- porque mis abuelos no me dejaban.
En
El Escorial, alguna vez debí subir al monte, pero ya no me acuerdo ni siquiera
del nombre. Me acuerdo mejor de los paseos por “La Herrería”,
intentando ligar con las excursionistas de fin de semana. Tampoco era una
excursión, más bien una incursión.
En
la mili, en Jaca, fuimos muchas veces al monte. Al
Rapitán, a Candanchú, a
Panticosa. Eran unas buenas palizas, con
el cetme al hombro y tirando de la mula, después de salir de guardia, o
de imaginaria y con alguna paja no en el ojo que hacia mas cansada la
caminata. Desde luego aquello no eran excursiones. Eran maniobras.
Al
final de la carrera me eché al monte. Quiero decir que iba a
currar a una fábrica (la Clesa), para preparar la revolución proletaria.
O sea que en realidad no iba al monte. No era una excursión, era una
expresión.
Antes
de casarme, salíamos Isabel
y yo
al campo a andar un poco y achucharnos. Alguna vez fuimos a Colmenar Viejo
en autobús, pero casi no se podía pasear porque había toros por todas
partes. También debimos ir a Navacerrada o la
Pedriza. No eran excursiones, eran viajes de novios.
Con
Javier Herrera fui bastantes veces al monte. Venían también Michèle e
Isabel. Cantábamos “la
Marsellesa, “Grándola, vila morena” y “Qué
culpa tiene el tomate”. A veces le daba la depre a Michèle y todos lo
pasábamos bastante mal. Luego, Javier se mató; creo que debíamos haber
hecho más viajes de aquellos, aunque propiamente hablando no puede
decirse que fueran excursiones al monte.
Cuando
me compré el 2 C.V., fui muchas veces al monte. A los Pirineos, a los
Alpes y hasta a los Balcanes.
Dormía en tienda de campaña y comía sólo bocadillos. Aun así, tampoco
eran excursiones al monte. Más bien eran vacaciones en la montaña o dos
en la carretera.
En 1983 fui al monte con Juan S.. Estuvimos en la sierra de
Gredos y subimos al Almanzor. Estuvo muy bien aquello. Me acuerdo
que trepábamos con mucha dificultad por los canchales y nos adelantó una
señora bastante gorda con
chancletas y seguramente con rulos y bata; fue bastante humillante. Pero
lo pasamos bien. Y eso que Juan y yo somos bastante callados y entonces aún
no nos conocíamos mucho. Casi podría decirse que esa fue mi primera
excursión al monte. Pero, siendo sólo dos, habría que hablar de que
hicimos un itinerario o un recorrido por el monte, no una excursión
Cuando
fui
a La Mira con
Sauqui, Toño y Juan, aquello se planteó como una
verdadera excursión al monte. Tenía todos los ingredientes que debe
tener una excursión a, en, hacia, hasta, por, so, sobre o tras el monte:
viaje corto, cena rústica, posada sin estrellas, bocadillo en el camino y
buenos compañeros de marcha. Pero el monte era muy duro.
Esa
fue la primera excursión contra el monte de José Luis B.
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