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UN
MENSAJE, UNA MUERTE
Es ésta mi
ocasión
murmuraba
el viejo junto a una puerta,
cerrada
Es
éste mi momento
volvió
a decir si no me equivoco,
vacío
Son
estos ya mis mundos
retumbó
de nuevo en su interior,
desconsolado
Es
ésta aquella llave
quiso
expresar en el mismo borde,
profundo
Es
éste nuestro sueño
se
atrevió entonces a levantar miradas,
nocturnas
Jeroglífico:
anahivecunde
mensajero articulado
monstruoso
Lo
que va de Mí a Nosotros
QUE
TÚ SIEMPRE SEAS.
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EL
QUE GIME ENTRE LAS MORADAS
Manifiesta sin tacha,
oh, Petrus piadosísimo,
la divina Voluntad,
o aquello otro que prefieres...
¿Sabes de la cabaña en el centro del recinto
y de lo que
allí ocurría
cuando el
que gime entre las moradas
iba a lo
suyo?
Era entonces
el apiñarse unos contra otros
y el apagar
los fuegos
y el colocar
trancas en las puertas.
Rezar no se podía.
Aún no había dioses.
Los perros te miraban con aquellos ojos
suplicantes
y todos temblaban en un solo temblor.
Ruidos que no se oyen,
sólo son presentidos.
Pasos que se acercan en un vagar
interminable.
Aire frío que se mueve
en la inmovilidad de la noche.
Rasgar de uñas o de quién sabe
en los muros.
Piedrecillas que caen
al paso de lo invisible.
A la amanecida, flores mustias y secas.
Huellas de
ceniza y pórfido.
Hondos gruñidos
de algo salvaje
y sin
piedad.
Después,
siempre faltaba algo
o alguien,
arrebatado,
arrebatado...
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DE
VISITA
He llegado a
este lugar perdido
en
un tren sin horas,
sin
agujas, sin vías
y
sin estaciones.
Un
tren imposible en un mundo
imposible,
tren
de poca monta, digo yo.
Lo
mismo hubiera dado, pongo
por
caso, no venir.
Algún
desconocido me pide
un
billete que
nunca
he comprado,
que
nadie me ha vendido
en
taquilla alguna que fuese.
Ignorada
norma
he
debido incumplir.
Me
bajo ahora en un andén inexistente
y
entro por arcadas invisibles
en
la ciudad.
En
una esquina
de
calle jamás dibujada en plano
ni
esperada, un mendigo solicita de mi nula
caridad,
algo de escaso peso,
si
bien, apunta, de fúnebre cadencia.
Sin
embargo, aunque el aire no se mueve
de
su sitio inconexo, observo
el
aura de una Royal Chapelle,
dejando
caer su sombra puntiaguda
entre
pálidas y dudosas enramadas.
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LE
PONT
En cierta
ocasión
encontré
a V… acodado frente al río,
pensando,
sin querer,
en
los largos sollozos de los violines
de
otoño.
Muy
cerca, el lugar
de
los quemados, con su aviso de mármol,
recordando
el triste día
y
la venganza proclamada
en
un instante de paso.
Hay
una ocasión en cada
hoja
precipitada hacia la oscura
corriente,
una leyenda
en
cada rumor del agua bajo el puente
de
los sueños.
En
la suave inclinación
de
una pasarela, en su contacto
con
el aire tibio de la noche,
en
las miradas apenas guarnecidas,
enfrentadas
con lo plural y lo acabado.
Pero
siempre es ocasión
perdida,
fugitiva, abandonada de sí,
clamor
casi enterrado de una canción
del
destino, apenas escuchada y ya
caída
en el olvido.
JOSÉ
LUIS CARDERO
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