EDICIONES DEL PRIMOR

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acechamos sin apartar los ojos de lo elegido

 

UN MENSAJE, UNA MUERTE  

EL QUE GIME ENTRE LAS MORADAS  

DE VISITA  

LE  PONT  

 

 

UN MENSAJE, UNA MUERTE

 Es ésta mi ocasión

murmuraba el viejo junto a una puerta,

cerrada

 

Es éste mi momento

volvió a decir si no me equivoco,

vacío

 

Son estos ya mis mundos

retumbó de nuevo en su interior,

desconsolado

 

Es ésta aquella llave

quiso expresar en el mismo borde,

profundo

 

Es éste nuestro sueño

se atrevió entonces a levantar miradas,

nocturnas

  

Jeroglífico:

anahivecunde mensajero articulado

monstruoso

 

Lo que va de Mí a Nosotros

 

QUE TÚ SIEMPRE SEAS.

 

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EL QUE GIME ENTRE LAS MORADAS

 

                                                               Manifiesta sin tacha,

                                               oh, Petrus piadosísimo,

                                               la divina Voluntad,

                                               o aquello otro que prefieres...

 

¿Sabes de la cabaña en el centro del recinto

 y de lo que allí ocurría

 cuando el que gime entre las moradas

 iba a lo suyo?

 Era entonces el apiñarse unos contra otros

 y el apagar los fuegos

 y el colocar trancas en las puertas.

Rezar no se podía.

Aún no había dioses.

Los perros te miraban con aquellos ojos

suplicantes

y todos temblaban en un solo temblor.

Ruidos que no se oyen,

sólo son presentidos.

Pasos que se acercan en un vagar

interminable.

Aire frío que se mueve

en la inmovilidad de la noche.

Rasgar de uñas o de quién sabe

en los muros.

Piedrecillas que caen

al paso de lo invisible.

A la amanecida, flores mustias y secas.

 Huellas de ceniza y pórfido.

 Hondos gruñidos de algo salvaje

 y sin piedad.

 Después, siempre faltaba algo

 o alguien,

 arrebatado, arrebatado...

 

**********

 

  DE VISITA

 

He llegado a este lugar perdido

en un tren sin horas,

sin agujas, sin vías

y sin estaciones.

 

 Un tren imposible en un mundo

imposible,

tren de poca monta, digo yo.

Lo mismo hubiera dado, pongo

por caso, no venir.

 

Algún desconocido me pide

un billete que

nunca he comprado,

que nadie me ha vendido

en taquilla alguna que fuese.

 

Ignorada norma

he debido incumplir.

Me bajo ahora en un andén inexistente

y entro por arcadas invisibles

en la ciudad.

En una esquina

de calle jamás dibujada en plano

ni esperada, un mendigo solicita de mi nula

caridad, algo de escaso peso,

si bien, apunta, de fúnebre cadencia.

 

 Sin embargo, aunque el aire no se mueve

de su sitio inconexo, observo

el aura de una Royal Chapelle,

dejando caer su sombra puntiaguda

entre pálidas y dudosas enramadas.

 

************


LE  PONT

 

En cierta ocasión

encontré a V… acodado frente al río,

pensando, sin querer,

en los largos sollozos de los violines

de otoño.

  

Muy cerca, el lugar

de los quemados, con su aviso de mármol,

recordando el triste día

y la venganza proclamada

en un instante de paso.

 

 Hay una ocasión en cada

hoja precipitada hacia la oscura

corriente, una leyenda

en cada rumor del agua bajo el puente

de los sueños.

 

En la suave inclinación

de una pasarela, en su contacto

con el aire tibio de la noche,

en las miradas apenas guarnecidas,

enfrentadas con lo plural y lo acabado.

 

 Pero siempre es ocasión

perdida, fugitiva, abandonada de sí,

clamor casi enterrado de una canción

del destino, apenas escuchada y ya

caída en el olvido.

 

 JOSÉ LUIS CARDERO

 

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